Abogado Aviles

Abogado Aviles

EL TRABAJO INVISIBLE

Hace poco más de un mes escribí un post sobre los funcionarios de justicia y, como pasa siempre que no te quieres olvidar de nadie, me olvidé de muchos. Ya que esto va de leyes, será la ley de Murphy…

Se me olvidó mencionar a los que trabajan en el registro civil a pesar de que voy muchísimo (Orlando, Juani, etc), los del decanato (Pilar, Olga, etc), los de fiscalía, los de Social (esa zona no la piso mucho, la verdad…), los forenses, el equipo psicosocial, los de seguridad, los de información (Mercedes…) y, aunque no son funcionarios, Toño del Colegio de Procuradores y Lorena del Colegio de Abogados, pero también se me olvidaron totalmente (¡gracias por darme el toque!) los de mantenimiento (Jesús, Miguel…) y los de limpieza, y es que en el juzgado trabaja muchísimo personal (funcionarios o no) que se encarga de que todo funcione.

Yo, que creo que voy por la vida con los ojos bien abiertos, cuando escribí el post no había reparado en el trabajo que realizan los de mantenimiento y limpieza y es que se trata de ese trabajo invisible al que se refiere el título de este post, un trabajo silencioso, que solo se hace notar cuando algo falla y no cuando todo funciona a la perfección, como es lo habitual. Estamos tan acostumbrados a que las cosas funcionen y las salas y pasillos estén limpios cuando llegamos por la mañana que no nos damos cuenta de la cantidad de gente que hay detrás de todo ello. Solo cuando un ascensor se estropea, la calefacción no funciona o el disco que graba los juicios da problemas es cuando reparamos en ello, normalmente para quejarnos. Eso de dar las gracias parece que sobra…

Sin embargo, a todo el mundo le gusta que en su trabajo le agradezcan lo que hace, por más que sea su obligación, y que no todo sean quejas y broncas. No estaría de más que junto al buzón de sugerencias y reclamaciones que está en la entrada del juzgado se pusiera un buzón de agradecimientos, a ver si así la gente se anima a darles las gracias a Jesús y Miguel por hacer que todo funcione, a los de limpieza porque a pesar de la cantidad de gente que pisa el juzgado cada día todo está limpio, a los funcionarios por ayudar a la gente que está un poco perdida, a los forenses por su paciencia, a las del equipo psicosocial por su buen trato cuando una familia, nerviosa, acude a su despacho (no debe de ser un trago sencillo) y, en definitiva a todos los que están ahí cada día haciendo que las cosas funcionen.



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