Abogado Aviles

Abogado Aviles

ETICA PROFESIONAL Y ABOGADOS

Hace algunos meses, mientras acudía a una charla de un tema no jurídico, se mencionó a la abogacía y se comentó que era una profesión “rancia”, lo cual me llamó la atención y me hizo pensar sobre cómo se nos ve desde fuera.

Probablemente la abogacía es una profesión que para muchas personas es algo anticuada en cuanto a las formas, la vestimenta de los abogados (la toga), el lenguaje jurídico, etc. En los últimos tiempos, sin embargo, las cosas han cambiado bastante y nuestra profesión se ha ido adaptando poco a poco a las reformas tecnológicas aunque en este sentido aún nos queda mucho por hacer.

No obstante, a pesar de que creo que es muy positivo avanzar, adaptarse a los tiempos y modernizarse para no quedar anclados en el pasado, la abogacía tiene para mí algo que no debe perderse y es que, probablemente con una idea un tanto romántica de la profesión, no quiero dejar de ver al abogado como una especie de caballero andante que lucha por la justicia con mayúsculas.

En ese sentido siempre me ha llamado la atención la deontología profesional, que son las normas de comportamiento que todo abogado debe observar en el ejercicio de su profesión en relación con su cliente, con sus compañeros y con los tribunales.Parece que al tema de la deontología profesional no se le ha dado mucha importancia durante años, a pesar de que para mí es algo fundamental.

Después de acabar la carrera sin una sola mención al tema, cuando empecé en la escuela de práctica jurídica creí que por fin tendría ocasión de aprender algo sobre el tema. Sin embargo, mi sorpresa fue mayúscula cuando en la escuela despacharon el tema en un par de folios que nos explicaron en poco menos de una hora.

Cuando por fin me di de alta en el Colegio de Abogados también esperaba que alguien nos diese una charla a los nuevos colegiados que sirviese como orientación de lo que se esperaba de nosotros como nuevos abogados, pero lo que obtuve fue un librito que aún conservo: el código deontológico de la abogacía, que me dediqué a leer por mi cuenta.

En la práctica me consta que muchos compañeros, por desconocimiento, actúan en contra de las normas deontológicas. Otros, aún conociéndolas, también las ignoran.

Creo que es importante, tanto entre nosotros, como de cara al cliente, exigir a los compañeros el cumplimiento de estas normas que son reglas de comportamiento, normas de valor que deben respetarse para que esto no se convierta en una especie de “ley de la jungla”.

A modo de ejemplo, algunas de las normas contenidas en el código deontológico son las siguientes:

El abogado no puede proceder a la captación desleal de clientes.

El abogado no puede aceptar encargos profesionales que impliquen actuar contra un cliente anterior cuando exista riesgo de violar el secreto de las informaciones obtenidas con éste.

El abogado no puede comunicarse con la parte contraria cuando le conste que está asistida o representada por otro abogado.

En los escritos judiciales debe mantenerse el más absoluto respeto al abogado de la parte contraria, evitando toda alusión personal.

Para asumir un asunto que está llevando otro letrado, debe solicitarle su venia y colaborar para que el cliente le abone los honorarios debidos al abogado sustituido.

En definitiva, el código deontológico hay que cumplirlo y exigir que se cumpla, no puede ser obviado y el hecho de que la abogacía se modernice y se adapte a los tiempos no debe llevarnos a pasar por alto estas normas que son la esencia de nuestra profesión.








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