Abogado Aviles

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INTERÉS DEL MENOR (CASOS PRÁCTICOS)

En otro post veíamos cómo el interés del menor es un concepto abstracto que hay que concretar en cada caso particular. Hoy vamos a ver cómo se aplica el principio del interés superior del menor en la práctica:

El primer ejemplo es el de un matrimonio divorciado con una hija de siete años. La madre vive en Asturias y el padre en Miami. El Tribunal Supremo (Sentencia de 16 de mayo de 2.017), en contra de lo que solicita la madre, acuerda unas visitas para el padre de un mes y tres semanas, bien en España bien en el lugar de residencia del padre, a su elección, en este último caso la madre deberá llevar a la niña a Madrid y autoriza que para el viaje en avión de la niña a Estados Unidos se pueda utilizar el servicio de compañía y asistencia a menores prestado por las compañías aéreas. La madre lo recurre alegando que el interés de la menor no se ha tenido en cuenta pues es pequeña, es un trayecto largo, no conviene que viaje sola y el padre siempre se había desplazado para verla. El Tribunal Supremo, sin embargo, entiende que sí se ha tenido en cuenta el interés de la menor pues las visitas son un derecho-deber, una función concebida en beneficio del menor, pues contribuye a su desarrollo al permitir mantener los lazos afectivos con el progenitor con el que no convive (en este caso, el padre).

El segundo ejemplo (Sentencia del Tribunal Supremo de 27 de octubre de 2.014) es el de una menor recién nacida a la que cuidan sus abuelos, pues a los pocos días de nacer sus padres manifiestan que no se pueden hacer cargo de ella por sus adicciones a sustancias estupefacientes. Los servicios sociales declaran el desamparo de la menor y solicitan al abuelo que la entregue, negándose a ello el abuelo. La cuestión a tratar consiste en dilucidar si existe o no situación de desamparo cuando existen personas (en este caso los abuelos) que cubren las necesidades de un menor sin tener obligación legal. El Tribunal Supremo fija la doctrina siguiente: cuando el guardador de hecho presta al menor la asistencia necesaria por el incumplimiento de sus deberes por parte de los padres, han de verse las circunstancias concretas del guardador de hecho interpretadas al amparo del interés del menor, que son las determinantes a la hora de decidir sobre su situación. En este caso la menor tiene todas sus necesidades afectivas y materiales cubiertas por los abuelos y no procede declarar el desamparo.

El tercer ejemplo es el de un progenitor con hijos menores que se encuentra en la cárcel por maltrato habitual hacia su pareja. La madre de los menores se niega a que tenga visitas con los menores hasta que salga en libertad tras el cumplimiento de la totalidad de la condena. El Tribunal Supremo (sentencia de 13 de mayo de 2.016) acuerda, sin embargo, unas visitas limitadas a una vez al mes, debiendo ir acompañados los menores de una tercera persona de confianza de ambos progenitores, de la madre o de cualquiera de las personas que en su momento colaboraron en las entregas y recogidas de los menores en anteriores visitas. Justifica el tribunal su decisión al amparo del interés del menor, pues debe preservarse el mantenimiento de sus relaciones familiares, la satisfacción de sus necesidades emocionales y afectivas y el irreversible efecto del transcurso del tiempo en su desarrollo.

El cuarto ejemplo es curioso porque, a pesar de que la normativa vigente señalaba en aquel momento (Sentencia del Tribunal Supremo de 17 de febrero de 2.015) que el apellido del padre ha de ser el primero y el de la madre el segundo, el interés del menor en este caso justifica que el primer apellido del niño sea el de su madre y el segundo el de su padre, al haber ejercitado tardíamente éste la reclamación de paternidad. Entienden que el menor es conocido por el apellido de su madre en su ámbito familiar, social y escolar y se pondera el interés del menor y su derecho fundamental al nombre como parte integrante de su personalidad. Dice el tribunal que “la respuesta, sin embargo, no puede ser de interpretación literal de la norma cuando está en cuestión el interés superior del menor (…).”

Por último, el quinto ejemplo de hoy (sentencia del Tribunal Supremo de 5 de febrero de 2.013), de interés para los futboleros, es el siguiente: los padres de un menor de edad, trece años, firman un precontrato de trabajo (dado que los contratos de trabajos solo se pueden firmar por mayores de edad, o mayores de 16 años que vivan independientes, con el consentimiento de sus padres) para la práctica de fútbol profesional de su hijo con el F.C. Barcelona durante un plazo de diez temporadas y con una cláusula penal de, nada menos, tres millones de euros, además al mismo tiempo se firma un contrato de jugador no profesional y un contrato de trabajo, propiamente dicho. Se cuestiona su posible nulidad. Dice el tribunal que “el interés superior del menor no sólo se erige como el principal prisma en orden a enjuiciar la posible validez de la relación negocial celebrada, sino también como el interés preferente de atención en caso de conflicto.”

El tribunal considera que “el interés del menor en decidir sobre su futuro profesional constituye una clara manifestación o presupuesto del desarrollo de su libre personalidad que no puede verse impedida o menoscabada.” Dice el tribunal que en este ámbito no cabe la representación y que el interés del menor debe ser “el punto de partida y de llegada en que debe fundarse toda actividad que se realice en torno tanto a la defensa y protección de los menores, como a su esfera de su futuro desarrollo profesional”.

Por todo lo anterior, declara la nulidad del precontrato de trabajo y de la cláusula penal contenida en éste por ser contrarios al interés superior del menor en la decisión personal sobre su futuro profesional. Sí condena a los recurrentes a abonar 30.000 € en concepto de indemnización por extinción anticipada del contrato de jugador no profesional, según las cláusulas de dicho contrato.




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